Antonio González Trujillo

Antonio González Trujillo      “Relojero

 

En el Barrio de San José es toda una institución, y por su Joyería – Relojería han pasado la mayoría de los novios en busca del anillo, o porque allí compraron el primer reloj de su vida. Ahora está a punto de jubilarse, justo cuando su comercio se ha convertido en un referente obligatorio, en toda la ciudad, para quien quiera reparar un reloj que no sea de cuarzo, y que tenga más de una década de longevidad.

Lamenta no dejar discípulos, tal vez porque a su hijo, que continuará con el negocio, le considera sólo un heredero de un oficio en extinción.

¿Cómo lleva lo de jubilarse después de tantos años en lo mismo?

De hecho, ya se puede decir que estoy Jubilado vengo sólo unas horas al día, a dejarle al muchacho algunas cosas preparadas, y poco más. Ya no es como antes, que estaba hasta las diez de la noche, y los domingos por la mañana….  Cuando llegué aquí, hizo en Septiembre cincuenta  años, todo era distinto; antes estaba yo solo en San José, y ahora hay más establecimientos en la misma zona y las cosas ya no son igual que antes.

¿No van bien las cosas?

Gracias a Dios hay trabajo, pero las ventas están fatal… Hay mucha gente que vende a plazos, algo que yo corté hace años, porque muchos no pagaban, y no quise meter tarjetas de crédito, porque no quiero problemas. Abrí este local al salir del cuartel, al que hice unos pequeños arreglos, que he mantenido igual que cuando se hicieron; tanto los muebles, como los pisos y las estanterías. Aquí mismo llegamos a vivir con mi mujer y mis ocho hijos, que hoy en día son todos grandes, y solo dos de ellos son los que han seguido mi oficio.

¿Cuándo dice “trabajo”, se refiere a reparaciones de relojes?

Sí, y más que a reparaciones, a cambio de las pilas a los relojes de hoy en día. Aquí se oye mucho eso de “en lo que me gasto en arreglar el reloj, me compro uno nuevo”, porque lo mínimo que sale una reparación son diez euros, y algunos, con un poco más se compran uno nuevo.

– En el caso de los relojes antiguos el criterio será diferente.

Quien tiene un reloj bueno, no de cincuenta duros, si se lo gasta. Hay mucha gente que tiene relojes de herencias, y esos son los que menos reparos tienen en gastarse el dinero, porque saben que 1o que tienen, es para toda la vida.

¿Qué tenían esos relojes de los que habla?

Pues una maquinaria hecha a mano, y no las cuatro piecitas que tienen los de cuarzo dentro. Y créame lo que le digo, ya que durante años reparaba una media de diez o veinte relojes diarios.

– A veces resulta imposible reparar un reloj antiguo, generalmente por la falta de piezas, o porque a muchos relojeros no les compensa.

Yo tengo en la relojería piezas de casi todos, así como miles de relojes que la gente entregaba para reparar, y que luego no venían a recoger. Todo es cuestión de que haya voluntad para meterse en un trabajo, que a veces es bonito por sólo ver un reloj que uno no conoce por dentro.

– Sin llegar a las grandes marcas, cuáles cree que son los mejores del mercado.

Sin duda, los suizos, por su mecánica y maquinaria, aunque ahora también están viniendo en cuarzo, y ya no son de cuerda. Unos, que eran los más baratos, son los Cauny, que la gente los sigue teniendo porque eran muy buenos. Luego están Longines, Sima, Omega… eran relojes buenos, no sólo por la maquinaria, sino por el chapado, que duraba para siempre; no como los relojes de ahora. Lo único mejor de los relojes de hoy día es el diseño, pero el interior es mucho peor que los de antes.

– Sí, pero hoy día cualquiera tiene un reloj y antes era un lujo para unos pocos.

Antes se hacía mucho esfuerzo para tener un reloj, aunque muchos tenían que hacerlo también para comprar un pan, a veces, porque no lo había. Yo tuve el primero a los dieciocho años; hoy, cualquiera de esa edad, ya tiene tres o cuatro.

¿Cómo le dio por dedicarse a este oficio?

Yo empecé a trabajar con ochos años, limpiando y vigilando una oficina y, como el dueño tenía un hermano relojero en Triana, allí entré a trabajar como aprendiz los oficios de relojero y de platería, uno por la mañana, y otro por la noche. Muchos sacrificios tuve que hacer, pero salí adelante.

¿No ha mantenido usted la tradición del aprendiz en su negocio?

Hoy en día es imposible, porque no se le puede pagar a un aprendiz lo que no se gana con su sueldo, ya que hay que afiliarlos. Yo sólo he enseñado a mis hijos; que hoy día saben más que yo, porque se lo tomaron con empeño y estaban aquí hasta las tantas de la noche.

¿Dónde se puede aprender, entonces, a ser relojero?

Aquí no se puede aprender este oficio, y si alguien quiere hacerlo se tiene que ir a la Península. Pero esto no pasa sólo con este, en Canarias se enseña mal cualquier oficio, por eso se ven tantos trabajos chapuceros.

¿Cuál cree que es la causa?

Primero que no se enseña bien y segundo que la gente quiere ganar lo de seis días, en tres. Yo recuerdo, al principio, que perdía dinero con mis trabajos, pero a la larga aprendí y he estado hasta hoy día siendo un trabajador bueno en lo mío.

¿Qué le parece que muchos le consideren “el último relojero tradicional de la ciudad”?

No sé si es verdad, pero de la época mía se han muerto casi todos. Muchas relojerías de las que hay en Triana son de herederos, pero sólo se limitan a cambiar las pilas, y eso no son relojeros; relojero sólo se le puede llamar al que trabaja con las máquinas. Sin embargo en la platería sí hay más gente que se dedica a ella, y hay buenos profesionales; tanto viejos, como nuevos.

– Tal vez porque su oficio requiera una paciencia que hoy día nadie parece tener.

Eso ya no existe, ni ganas de esforzase. A mí ya me falla la vista, porque este oficio te la quema, pero soy todavía lo suficientemente tranquilo como para coger y quitar una pieza pequeña las veces que haga falta, Sin que me ponga nervioso. Pese a todo, me retiro, hay que descansar y dar paso a los que vienen detrás, mis hijos, en mi caso.

 

Articulo: Carmelo Ramírez Pérez  –  (Octubre 2009)

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