Domingo Santana Ortega

Domingo Santana Ortega          «Mingollo«

 

Domingo Santana Ortega «Mingollo»,  nació en el barrio de San José de la ciudad de Las Palmas de G.C.,  un 9 de Mayo del año 1942.  Hijo de Josefa Ortega Cuba (Josefita Ortega) también oriunda de este  barrio y conocida por los vecinos de la zona,  por estar muy comprometida con la ayuda a los pobres y su dedicación a la Iglesia del barrio. Su padre,  José Santana Velázquez  “Maestro Pepe Oramas”, el  primer maestro de Mingollo,  se dedicaba a la reparación de máquinas de pozos y de toda máquina que se le pusiera por delante, también muy conocido en el barrio. Su domicilio era en el número 77 del Paseo de San José (actualmente no existe).

 Sus hermanos:  Pepe,  el practicante del barrio (también conocido por Pepe Mota), Francisca (conocida por Pacuca), Manolo (q.e.p.d.), y Ana Rosa.

Siempre estuvo orgulloso de su barrio  y cuando se presentaba a alguien lo hacía diciendo: «Soy de San José y me llamo Mingollo”.

Su juventud, junto a su hermano Manolo, la pasó en obras sociales como la Acción Católica en la que adquirió muchas amistades que aún, hoy día, permanecen.

Estudió educación primaria en el barrio con el maestro «Don Andrés», a quien solía nombrar con frecuencia en las reuniones con sus amigos, contando sus anécdotas.

Cursó estudios en la Escuela de Maestría Industrial (calle Canalejas) en la especialidad de ajustador matricero; luego, empezó a dar clases de mecánica en la misma escuela; la cual más tarde pasó a llamarse «Instituto Politécnico de Canalejas”. Pasado un tiempo,  se trasladó al Centro de Formación Profesional Cruz de Piedra y después a la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria,  en la escuela de Ingenieros Técnicos, situada en la C/. Tomás Morales y posteriormente en el Campus Universitario de Tafira.

Ejercía su docencia en el Departamento de Ingeniería Civil, dando la asignatura de motores térmicos y mecánica de fluidos, encontrándose en activo hasta el momento de su fallecimiento. En su larga vida profesional, dio clase a muchas generaciones de estudiantes. Simultaneó la docencia con la aventura empresarial de un taller de carpintería metálica, pero últimamente, se dedicaba exclusivamente a sus clases en la Universidad.

Entre sus personas más queridas estaba, su familia: esposa, hijos (su queridísima hija Tita), nueras, nietos, hermanos, sobrinos, cuñados y su familia política; sus grandes amigos: hay que destacar la amistad que le unió a Francisco Pérez Bello, fallecido (conocido por Paco el cura), los de la infancia y juventud, de  aquellos con quien compartía sus ratos en el Sporting de San José y muchos compañeros de trabajo.

padres_mingollo_300_WEra un fiel devoto de la Virgen del Pino, acudiendo todos los años a la romería caminando, haciendo el camino doble, pues llevaba el coche y lo iba desplazando por tramos,  acudiendo al encuentro de la familia caminando hasta llegar de nuevo al coche. Algún romero, le llegó a preguntar si tenía hermano gemelo pues se encontraba con él en varios tramos en sentido contrario. Le gustaba oír la «Misa del Peregrino», a las doce de la noche y se sentaba en el altar mayor.

Todos los que le conocimos, disfrutamos del enriquecedor buen humor que le caracterizaba, con su positivismo como estandarte, siendo muy difícil el verle enfadado o con mal humor. Fue amigo de sus amigos y era frecuente observarlo inmiscuido en las acciones sociales que se desarrollaban en el barrio. Procuró ayudar y animar a muchos jóvenes para que estudiaran una carrera, a personas mayores a que emplearan el tiempo en cultura, animando a muchos a matricularse en la Universidad en los cursos de «Peritia Et Doctrina» para mayores de 55 años, como a su gran amigo Chano Cruz. Fue persona afable y de buen corazón, cualquiera que le pidiera un favor, ya estaba «Mingollo» moviendo Roma con Santiago para hacer el favor que le habían solicitado. Seguro que cuando acabe nuestra vida terrenal y nos presentemos ante el altísimo, diremos que vamos de parte de «Mingollo» y se nos abrirán las puertas del cielo.

Es profundo el sentimiento de pena causada por su marcha tan veloz
y que no nos dio tiempo para encajar que «Mingollo» se nos iba

Nuestro más profundo agradecimiento por habernos dejado compartir con él nuestra vida

Que Dios te tenga en su Gloria

 

Artículo:  Carmelo Ramírez Pérez  –  (Abril 2012)

Fuente:  Familia Santana Santana   

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