Iglesia de San José

Parroquia de San José

Corría el año 1674 y Don Diego Ponce de León, casado con Doña Magdalena Alarcón de León, Regidor perpetuo de Canarias, envió un memorial al Obispo de las Islas diciendo que ante notario había hecho constar que tenía hecha “a su costa” una Ermita para que los fieles venerasen en ella al Señor San José, dieran culto a tan grande Santo y que se dijera misa, por cuanto son muchos los colaboradores que hay en estas tierras y es necesario que asistan a misa (veinte años más tarde tuvo que ser reparada).

En 1786 estaba en tan mal estado que el arquitecto Don Diego Nicolás Eduardo – maestro de Luján Pérez – recibe del Obispo Don Antonio Plaza el encargo de un nuevo proyecto para ella.

Contribuyendo a su financiación el regidor de la isla Don Juan Mª León. El vecindario se implica aportando trabajo y materiales. Dos años más tarde la nueva y restaurada Ermita ya está construida, el esfuerzo de todos la ha embellecido, el lugar para la oración es una realidad. Los vecinos la sienten suya.

El estilo arquitectónico de la Ermita es el neoclásico. Asombra su esbeltez. Los muros están fabricados con piedra y mortero. El techo es un forjado clásico que tiene como base piedra pómez y otros elementos. La forma es curva dando la impresión de una bóveda. La Ermita está enmarcada en su fachada por piezas de cantería azul.

¡ Es una hermosa Ermita !

¡ Y cuantos sueños de futuro y de abrirse camino se forjarían desde aquel banco de la plaza mirándola !

En Febrero de 1938, niñas, mujeres y hombres se reúnen en la Plaza de San José para celebrar un hecho histórico, el Obispo Don Antonio Pildain erige la Parroquia de San José siendo su Párroco un hijo del Barrio, Don Juan Brito, su rostro se ha perpetuado junto a la Iglesia. Hombre abnegado y trabajador hizo que las campanas de bronce de la espadaña sonaran con voz propia, su hermoso cuadro del Señor San José, pintura de la Escuela Barroca Sevillana, a ambos lados del Altar Mayor, dos tallas en madera, una de San Isidro y otra de San Antonio de Padua, obras de Lujan Pérez.

Si escuchamos… aún resuenan en la Iglesia las oraciones aprendidas en la infancia, y en la familia. Cierta oración que reza así suena en mis oídos aún:

Entonces San Bartolomé se levantó

Sus pies y sus manos se lavó

Su bastón de oro cogió

Por su camino, caminó

Allá en medio camino

A la Virgen se encontró

¿Dónde vas Bartolomé?

Señora en busca de vos.

Vete Bartolomé a tu casa, a tu mesón

Que yo te daré un don

“Donde San Bartolomé fuere nombrado

No caerá piedra ni rayo

Ni morirá mujer de parto

Ni criatura de espanto

Ni hombre sobre las aguas del mar’.” ,

Al Arbol Santo de la Cruz

Padre Nuestro amen Jesús”.

Articulo: Carmelo Ramírez Pérez – (Noviembre 2009).

Fuente: María del Carmen Díaz Sosa.