José M. Ruiz Gutiérrez

José Manuel Ruiz Gutiérrez        “Sacerdote

 

El “Padre botella” como cariñosamente lo conocimos en nuestro querido y populoso “Barrio de San José”, burgalés de nacimiento allá por el 1925, ingresó en la Orden de los Carmelitas a los 18 años, estudiando en Calahorra, Burgos y Oviedo, donde se formó como teólogo, acabó de misionero en Ecuador. «Estuve seis años con dos tribus, las de los indios cayapas y los colorados. Allí enfermé gravemente de “Amebiasis” y tuve que volver a España, pero como no aguantaba el frío de mi tierra, pedí destino a Canarias, por lo que acabé en 1959 en la parroquia de San José».

Al padre José Manuel se le recordará siempre en el barrio de San José con ese apelativo, porque “hizo de la recogida de envases de cristal el único medio para combatir la inmensa pobreza que en aquel tiempo inundaba el barrio”. A partir de entonces empezó, a encargarse de la parroquia del populoso barrio, pero al llegar se dio cuenta de cuán marginado y deprimido estaba, eran tiempos de hambre y de miseria, en los que muchas familias, por no tener, no tenían ni donde dormir y mucho menos comida para alimentarse.

Ante ello, me enteré que aquí compraban botellas, hablé con la «Cocal» y con todas las firmas envasadoras Y se comprometieron, en aquel tiempo, a pagarlas a ochenta céntimos y hasta a una peseta de las de entonces. Empezamos a recoger entre los chicos y yo, las guardábamos y luego las clasificábamos en el centro parroquial de «Acción Católica». Posteriormente llamábamos a las firmas para que viniera a buscarlas, y todo ese dinero lo empleábamos en comida, en ropa y colchones que nos lo cedía Caritas por cincuenta pesetas.

Estuvo durante diez años trabajando y luchando, mientras recogía botellas para mejorar las condiciones de vida del barrio de San José. De aquella época guarda numerosas anécdotas y gratos recuerdos. «Alguna gente pensaba que me llamaban el «Padre botella» porque me dedicaba a la bebida, y más de una una vez me aparecieron en bautizos con botellas de vino como muestra de agradecimiento y para que lo celebrara. También, en unas fiestas del barrio me hicieron una carroza con una botella muy grande. Fue algo muy agradable y simpático como la gente de San José. Y es que la recogida de envases, a la vez que era una labor social y caritativa, diríamos que era una labor divertida por el ambiente mismo que se creaba entre los chicos que iban por las calles recogiéndolos.

Un dato bastante significativo de lo que fue el trabajo del «Padre botella», es que compró para el Patronato una zona del Lomo Blanco al Obispado por un millón de pesetas. Hoy en día hay edificadas allí miles de viviendas.

Uno de los más entrañables recuerdos que tiene el padre José Manuel, de aquella época, eran las peleas que tenía con el alcalde, José Ramírez, al que le unía una gran amistad. Muchas veces fui a hablar con Pepe Ramírez para que hicieran urbanizar la zona, que se inundaba cada vez que llovía. Una vez le dije: «Lo que hoy la gente le está pidiendo por favor, mañana se lo exigirán a gritos», al ver que ni siquiera habla ido a las lomas del barrio de San José a percatarse del problema; al rato de haberlo dejado apareció por mi casa con el jefe de policía para que les enseñara como estaba el asunto. Cuando lo vio, la frase que dijo fue: «Este cura, parece que no, pero entiende mucho». Desde aquel entonces ya empezó a tomar las decisiones pertinentes para solucionarlo en la medida en que se podía.

Una de las ideas que tenia el «Padre botella» en su lucha por el barrio, era la de edificar en las lomas una urbanización tipo residencial, como se hizo con el Paseo de Chil. Este proyecto realizado, supervisado y aprobado por el colegio de arquitectos, estaba presupuestado en seiscientas mil pesetas, «pero entonces, lo que más importaba, era el futuro proyecto de la Avenida Marítima, lo que dejaría al barrio de San José todavía más marginado”.

Eran buena gente, humilde pero generosa con lo poco que tenían, verdaderos aficionados a la vela, de donde salió el famoso bote «Poeta Tomás Morales», y sobre todo apasionados de la colombofilia. En todas las azoteas se podían ver grandes jaulas llenas de palomas, que por mucha hambre que pasaran nunca se las comían. De toda esta afición salieron las tradicionales palomas que rondan la Catedral y la plaza de Santa Ana.

Ahora se le puede encontrar a sus 86 años en el vecino pueblo de Telde recordando viejos tiempos, y aunque ya no es el titular de la parroquia de Melenara, aún sigue adscrito a ella como ayudante y hay varios días a la semana en los que da misa.

 

(La amebiasis o amibiasis es una enfermedad parasitaria intestinal de tipo alimenticia producida por la infección de la ameba “Entamoeba histolytica», protozoo rizópodo muy extendido en climas cálidos y tropicales. El parásito se adquiere por lo general en su forma quística a través de la ingestión oral de alimentos o líquidos contaminados. Cuando invade el intestino, puede producir disentería, aunque también puede extenderse a otros órganos).

 

Artículo: Carmelo Ramírez Pérez  – (Agosto 2011)

Fuente: Diario de Las Palmas ( 08-08-1988) – P. Valerón Quintana

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