Los hijos de «Manolito Díaz»

Los hijos de Don Manuel Díaz Sosa

 

“Manolito Díaz”
(Comerciante)

 

Soy Lolita Díaz y estoy feliz de tener la oportunidad de compartir con los vecinos de mi querido barrio de San José los recuerdos que son parte importante de mi niñez y juventud, recuerdos hasta los dieciocho años que vine a la Península para seguir los estudios universitarios

Soy la segunda de sus siete hijos y permítanme, antes de seguir adelante, hacer una semblanza de mi queridísimo padre “Manolito Díaz” que es como le conocían en nuestro barrio.

Se estableció, recién casado, en el barrio de San José donde vivieron hasta su muerte. Mi padre, hombre recto y de gran humanidad que con su trabajo y esfuerzo, primero con la ayuda de mi madre, “Tomasita Sosa Falcón”, que le dejó viudo muy joven, en 1951 con cuarenta y tres años. Después con la gran tarea de sacar a sus siete hijos adelante, pensando siempre en el porvenir de ellos. Juntos habían proyectado dar a cada uno de sus hijos una carrera universitaria. Ya sin su esposa, muy sólo y aunque era un esfuerzo titánico, cumplió el sueño de ambos con sus siete hijos y les dio la carrera universitaria.

Por todo ello creo merece que se le haga algún homenaje en su Barrio.

Hay que considerar aquellos tiempos difíciles de la postguerra. Con su humilde tienda del Paseo de San José, entonces Nº 116 y que probablemente se haya olvidado su esfuerzo por el paso del tiempo.

He hablado de mi padre porque tiene una trayectoria digna de imitar por las nuevas generaciones y merece la pena enumerar lo que consiguió para sus hijos gracias a su esfuerzo y duro trabajo

Somos siete hermanos y los mencionaré por orden de nacimiento

Familia de Don Manuel Díaz Sosa, hijos, hijas, yernos, nueras, nietos y bisnietos

Carmencita

Carmen Díaz Sosa, Catedrática de Lengua y Literatura Española por oposición y también profesora de la UNED (Universidad Española de Educación a Distancia).

Ella fundó el Instituto Alonso Quesada, le dio el nombre del poeta canario para que se le recordase siempre y fue su directora. Fue profesora y directora de muchos otros centros de bachillerato.

Lolita

Mª Dolores Díaz Sosa, soy la que hoy hace este relato desde la distancia en que vivo. Soy médico, con ejercicio en la especialidad de Dermatología y profesora en la Facultad de Medicina de la Universidad de Bilbao.

Desde el año 1958 vivo en La Península y voy a Las Palmas en vacaciones, muchas veces a mi querido barrio de San José en sus fiestas patronales

Pepito

José Díaz Sosa, brillante abogado en nuestra querida ciudad.

Ha sido un abogado que ha luchado siempre en defensa de los trabajadores.

Cirilo

Cirilo Díaz Sosa, abogado en Tenerife, en el Excmo. Ayuntamiento de La Laguna, y en su querido Tacoronte, ciudad en la que vive actualmente.

Cirilo ha sido siempre muy querido y recordado con afecto por nuestros vecinos en el barrio de San José. Siempre que visita nuestro barrio pasa por la Casa Amarilla y pregunta por todo el mundo con mucho cariño.

Florita

María de las Flores Díaz Sosa, que sigue actualmente viviendo en la casa donde hemos nacido todos. (casa declarada monumento arquitectónico por nuestro Excmo. Ayuntamiento).

Es Licenciada en Filosofía y Letras, especialidad en filología inglesa y Catedrática en la misma especialidad, impartiendo clases en el I.N.S. Alonso Quesada, I.N.S. Teror y en el INSTITUTO de nuestro querido barrio, I.N.S. la La Vega de San José, ha sido profesora de muchos niños del barrio.

Jesús

Jesús Díaz Sosa, abogado en ejercicio en Las Palmas y que vive cerquita del barrio, en Vegueta, visita mucho al barrio

Bartolomé

Bartolomé Díaz Sosa, Médico titular en Medicina General, ejerciendo como Titular de Familia en Santa Brígida, donde reside. Muy apreciado por sus pacientes.

 

A nuestro querido padre le concedieron una Medalla al Mérito del Trabajo por su labor desarrollada con todos sus hijos en la soledad de su vida hasta la muerte. Quiso tanto a mi madre que no volvió a casarse.

En aquellos tiempos no era fácil poder estudiar en Las Palmas, no había Universidad, por lo que los estudios tenían que hacerse en La Península o en Tenerife, según la carrera y según la especialidad, lo cual suponía un gran coste. Pocos como él tenían tan claro lo que querían para sus hijos. Por esta razón me parece justo una distinción para él por parte de su barrio.

El Balcón del margen derecho es la casa de «Manolito Díaz»

Se agolpan como flashes en mi memoria. Recuerdo de niña ver correr el agua por la barranquera y por todo el barrio donde los chiquillos chapoteábamos descalzos, sin que los padres nos vieran, lo que nos divertía mucho más.

No olvido la Batería de Artillería con sus fogonazos en la noche, que subíamos a verlos desde la azotea de mi casa.

Tengo la imagen del Zeppelín majestuoso cruzando el cielo frente a mi Balcón. No olvido la guagua de Barrera (que estaba hecha una carraca) y a los cobradores que decían “VAMOLOS” y la guagua seguía su camino, y para bajar la gente decía:  “chofer pare por ahí mismo que me bajo.

Jugué mucho con mis amigas Teresita Melo, Nena Marañón, Eva, Antoñita María, con las que jugaba al corro, al teje, a la soga, etc. en la calle, frente a la dulcería de Lolita Milán.

En la azotea de mi casa jugábamos a las casitas y hacíamos dulces de gofio y de cacao con moldes, que comíamos nosotras.

Cómo no recordar los domingos, “vestidos guapos” mis hermanos y yo ir a mi iglesia de San José, oír misa y a la catequesis de Doña Soledad. La iglesia me parecía grande y majestuosa.

Con mucho cariño recuerdo las fiestas del barrio, con las banderas españolas en los balcones, la música, el paseo para acá y para allá, las tómbolas con sus sorpresas, el tiro al blanco para los muchachos, los barquillos que traía un hombre en una especie de bidón con una ruleta y que de ahí salían los barquillos que sabían a vainilla. Los papahuevos, la música, Pepe el Bobo “Caña-Dulce”, pregonando las películas del cine Torrecine y las fiestas del barrio. “Caña Dulce” iba con unas zancos que lo hacían enorme, para mí, casi llegaba al balcón de mi casa por lo alto que me parecía.

Mi casa estaba situada entre la “casa rumbá” y los Mompó (de no muy buenos recuerdospara mi) y el Pilar de Fleitas a donde iban las mujeres a cargar cacharros con agua y los llevaban en la cabeza con mucha elegancia, hacían un atillo con un paño, un “ruedo”, lo ponían en la cabeza y sobre él iba el cacharro lleno de agua fresquita.

Quiero recordar a la gente que conocía. A la derecha de nuestra casa había una familia cuya hija era Melina, que vivía allí con sus padres y al lado, la abuela de Melina. Luego estaba la casa de la familia Melo e Isabelita Ramírez (con Isabelita, Tita, Teresita y Paco, todos muertos en la actualidad). Ellos lindaban en su casa con “La Barranquera Ancha” como la llamaban los vecinos. Subiendo a la loma, desde la casa de Isabelita, vivía el cartero con su familia. Recuerdo al cartero con su gran cartera marrón llena de cartas creo que era marido de Juanita Sosa. Mucho más hacia la loma, estaban los Patarrasas y los Robensinos. En la esquina de la barranquera lindando con el Paseo estaba Conchita y Bartolito “el del juzgado”. Mas allá la casa de Chicha (Concepción Jiménez) y caminando hacia el callejón Rosa la casa y tienda de Mariquita “la guapa”. Ya en el callejón rosa vivían dos amigas de mi hermana Carmencita, Lorenza y Ángeles. A continuación estaba la casa de Gregorio González con su hija Carmelita, su hermana Sofía y un hermano Gregorio. Y más allá del callejón rosado no llegaban mis andanzas.

En la acera de enfrente y caminando hacia mi casa estaba “Mastro” Pancho el zapatero. Otra casa que aún existe es “la casa amarilla” que entonces era La Sociedad y que después de la guerra repartían comida y hubo un accidente por el que se envenenó medio San José. Siguiendo la calle encontramos a los los Montelongos, luego un peluquero (no recuerdo su nombre) a continuación el cuartel de Falange y le siguen varias casas habitadas con muchos vecinos. Frente a mi casa estaban Pepito y su esposa. Él era carpintero y tenían dos niños pequeños, Rosita y Pepito, ellos estaban en el piso superior y en el sótano de la casa vivía Carmita Campos e hijos y otra Carmita, luego está la casa de Amalia, Pepita, Miguel, Antonio y su padre Sebastián Díaz. A la derecha de la casa de esta familia, bajaba un callejón donde vivían a la derecha Las Carolas y frente a ellas a la izquierda otra familia que le decían los Canarios.Subiendo de nuevo la calle, ya en el Paseo, haciendo esquina con el callejón, tenemos a la familia Marañón con Matildita la madre de Nena y Tonono y una niña llamada Eva. Y junto a esta casa estaba Carmen Socorro y familia, a continuación unas casas y luego la de Juanito Domínguez el peluquero. Al lado tenemos la casa de “Mastro” Isidro Díaz y Leonor Díaz e inmediatamente la valla de la finca de plataneras de los Sarmiento.

Conocí a Isidrito “El Inglés” cargado en los hombros con un palo del que colgaban dos latas grandes repletas de agua, una a cada lado de su cuerpo. También recuerdo a Foñito Siete Dedos. A Ramona la Papa, aunque no se la razón por la que la llamaban “la papa” y si le preguntabas su nombre decía: Yo la loca, Alan Land, Verónica Lake, Juanita la Reina, Fredy Morgan, etc. Volviendo a mi casa y subiendo hacia el Pilar de Fleitas estaba la familia de Juanita Henríquez y la familia de Chanita López a la que se le murió una hija quemada.

En el Paseo de nuevo, en la esquina estaba Lolita Milán con su dulcería y varias casas más como la de Gregorito el Guardia, Periquito Pénate (con una tienda de comestibles) Mariquita la churrera, Panchito Suárez.

Llegamos al callejón donde está la Acción Católica allí hice una representación para los chinitos y en el estribillo decía:

Para los pobres chinitos
Una limosna, Por Dios

Enfrente de la Iglesia vivían Doña Soledad y Mary Carmen González. Caminando hacia la Portadilla no tengo recuerdos personales, si bien al lado del Callejón de la Horca había una casa grande y muy bonita donde vivía una niña que se llamaba Ninita Castro, jugábamos en la azotea.

Tengo grabados en mi memoria a los seminaristas vestidos de negro con su estola azul paseando por el barrio hasta el Grupo Escolar. No se me puede olvidar Antoñito “El Queque” que programaba las excursiones del barrio<i>. (la gira el queque).

Termino aquí con mis recuerdos más importantes.

Un afectuoso saludo.

 

 

Artículo: Carmelo Ramírez Pérez – (Octubre 2011)

Fuente: Dolores Díaz Sosa

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